Spotify: una nueva forma de vivir la música
Spotify: una nueva forma de vivir la música. Tengo casi 32 años y tengo que reconocer soy de la generación que en plena adolescencia a mediados de los 90′, sucumbió como quien dice de la nada, Internet. Recuerdo que la primera vez que navegué por la red fue en verano de 1997 a través de un módem de 28 Kb, existían muy pocas webs, los buscadores se llamaban Yahoo o Altavista y los interface gráficos eran muy básicos. Era algo nuevo, que atraía por el simple hecho de pensar de estar ante algo que salia por tu pantalla pero que se encontraba en un servidor de cientos de kilómetros. Hasta entonces nunca tuve la necesidad de tener un PC, y fue a partir de ese momento cuando decidí hacerme con uno, es decir, se lo pedí a mis padres.
Desde entonces el desarrollo de internet ha tenido un crecimiento exponencial. En apenas un par de años la proliferación de webs y contenidos eran imparables y como con todo, siempre hay alguien que es el primero en hacer algo. Apenas sabía que existía el mp3 y de golpe y porrazo me entero de la existencia de “Napster“. No sabía como funcionaba realmente, pero lo cierto era que ponías en una ventana el titulo de una canción y tras unos segundos de busqueda… tachan¡¡ sorpresa, ahí estaba, lo que buscabas y con apenas un clik lo ponías en cola de descarga y unos minutos después estaba en tu ordenador y lo podías escuchar. Fue una verdadera revolución. Los Cd’s de mis grupos favoritos no bajaban de 2500-3000 Ptas lo queson entre 15 y 20 € al cambio, pero más bien unos 25 o 30 € en proporción a los salarios y el nivel de vida actual. Es decir, la música era muy cara y de golpe y porrazo la podías disfrutar si tenías paciencia.
En un primer instante la palabra “piratería” no tenia significado en internet, pero en apenas unos meses Napster tuvo una notoriedad mundial increible con millones de descargas y las discográficas no tardaron en denunciar la situación consiguiendo cerrar el servicio para compartir música. Después de Napster llegaron, AudioGalaxy o Kazaa , y casi en paralelo surgieron de la nada emule o los sistema BiTorrent.
Con los anchos de banda más amplios, la música se quedó pequeña y llego las descargas de cine y hoy en día con los servidores de descargas directas, cualquier cosas es posible. Es decir, que desde que básicamente surgió la era de difusión de Internet, la palabra piratería se asoció como su apellido. Creo que de una manera u otra todos los usuarios, al menos los de mi generación y sucesivas, han hecho uso de estos servicios de descarga. Ya fuera por la facilidad de conseguirlos, por el simple hecho de que fuera gratis, por la simple ansia de tener algo que nos costaba tanto conseguir…pero el caso es que estaba a nuestro alcance.
Al día de hoy, por cada persona que esta dispuesta a comprar un contenido (disco, película, software…) existe una decena que lo descargará de la red. El sector audiovisual no para de llorar por esta situación. Hacen la cuenta de la vieja y solo piensan en lo que ganarían si esa docena de personas pagara por sus productos, pero no ser dan cuenta que por cada cien personas que descargan, si no existiera la posibilidad de hacerlo, dudo que uno de cada cien estuviera dispuesto a pagar por todo lo que descarga.
En cierta manera, si la piratería no existiera, la difusión de los trabajos de los artistas, cineastas, etc etc no tendría la mínima repercusión, y aún menos si los precios de sus discos o películas mantuvieran precios disparatados. Realmente da la sensación que quieren ganar mucho vendiendo poco. Si quieren que sus creaciones se vendan como el pan, tienen que vender a precios de “pan”. Los panaderos madrugan más que nadie cada noche, trabajan duramente para hacer su pan y venderlo a precios que les dejan poco margen, pero que gracias al volumen que venden les deja grandes beneficios. Pero el artisteo pretende vender sus contenidos como barras de pan, a precios de oro. Sin duda aquí falla algo.
Gracias a Spotify escucho a diario decenas de canciones y discos nuevos. Realmente no podría enumerarlo… en el ultimo mes he acumulado 980 canciones de probablemente 80 o 90 discos. Si tuviera que comprar todos esos discos, lo primero, me tiraría de los pelos por que muchas veces escucho verdaderos bodrios y sería un dinero mal gastado, y lo segundo, para disfrutar de esta riqueza musical hablaríamos que me tendría que gastar mas de 1000 € en discos, lo cual con mi poder adquisitivo, ni me lo podría permitir, ni estaría dispuesto a gastarlo. Por el contrarío, estoy encantado de pagar 10€ cada mes por poder disfrutar de un servicio que me ofrece 10 millones de canciones a mi disposición. Solo tengo que buscar autor o titulo de canción… y ahí está. No tengo que buscar en servidores P2P, ni pegarme con enlaces de descargas directas ni cosas parecidas. Ya sea en mi MacBook o en mi iPhone, tengo a mi disposición por menos de lo que cuesta un CD y de forma legal, el catalogo de música más amplio que me podría imaginar nunca.
Este modelo de disfrutar de la música me parece perfecto. Es una manera de difundir el trabajo de los artistas y me puede animar a comprar sus trabajos o asistir a su conciertos. Es una nueva forma de negocio que creo que permite a los artistas ganar mucho más dinero que nunca y que de una manera fácil les permite darse a conocer de una forma más rápida y con más éxito que con el mero hecho de lanzar un disco y esperar a que todos lo compren. Los primeros que tienen que entender que el modelo de difusión de su trabajo debe cambiar a un modelo como el de Spotify, son los artistas, aunque primero tienen que dejar de mirarse el ombligo para evolucionar. El deseo de que el dinero les salga por la orejas les puede a muchos. Es una pena.
Espero que el mundo del cine aprenda de Estados Unidos y de su sistema Netflix , que por 7,99$ se ofrecen series y películas de forma ilimitada. ¿No es mejor que todos paguen 8 o 10 € todos los meses por películas, series y música a mantener la idea de enriquecerse fácilmente vendiendo todo a precio de oro? No me queda duda que los culpables de que los creadores de contenidos no ganen “suficiente” dinero, es su propia avaricia.






